La volatilidad mide cuánto y qué tan rápido se mueve el precio de un instrumento. Una alta volatilidad significa grandes o rápidas oscilaciones de precio, lo que aumenta el riesgo al operar, mientras que una baja volatilidad indica más estabilidad. También puede describir las condiciones generales del mercado durante períodos prolongados de incertidumbre.
¿Qué impulsa la volatilidad?
- Eventos y datos económicos: inflación, cifras de empleo, PIB y políticas de bancos centrales (particularmente aumentos o recortes de tasas de interés).
- Eventos políticos y geopolíticos: elecciones, cambios regulatorios y conflictos globales.
- Sentimiento del inversor: miedo, codicia y ciclos del mercado influyen en la presión de compra y venta.
- Noticias corporativas: informes de ganancias (especialmente si se incumplen las previsiones), fusiones/adquisiciones y escándalos (multas, denuncias, etc.) pueden mover los precios de las acciones.
- Oferta y demanda: escasez, liquidez del mercado y cambios en el comercio global.
- Eventos Cisne Negro: crisis económicas, desastres naturales y pandemias.
¿Cómo se mide la volatilidad?
Hay varias formas de rastrear la volatilidad. Una es la desviación estándar, que mide cuánto se desvían los precios del promedio; una mayor diferencia indica mayor volatilidad. Otros métodos incluyen el VIX, o índice de volatilidad, que mide la volatilidad esperada para el US 500. También se puede usar la volatilidad histórica, para evaluar los movimientos de precio durante un período determinado, basado en datos de precios pasados.
Siempre priorice la gestión del riesgo durante condiciones de mercado volátiles, ya que las fluctuaciones aumentadas pueden amplificar tanto las ganancias potenciales como las pérdidas.